HISTORIA GENERAL
En las sociedades primitivas y tribales la elección de la parte del cuerpo sobre la que debía colocarse el tatuaje estaba rigurosamente establecida: un mismo símbolo tiene siempre un mismo significado y se tatúa siempre en la misma parte del cuerpo. El cuerpo, de hecho, fue uno de los primeros vehículos de comunicación de los que se sirvió el hombre, y los antropólogos han puesto de manifiesto muchas analogías en el lenguaje corporal que utilizaron pueblos primitivos de todo el mundo. En muchas sociedades tribales, el cuerpo se veía como el espejo de la sociedad y se consideraba subdividido en varias partes, que se clasificaban según un orden jerárquico muy preciso. Cada una de sus partes se asociaba y utilizaba para indicar un grado de descendencia respecto a un cierto antepasado, el parentesco con un jefe o una cierta ubicación en la jerarquía social. A menudo, la cabeza se identificaba con la persona más importante de la comunidad, y cuanto más alejada de la cabeza estaba la parte del cuerpo tatuada, más lejos estaba la persona representada en el grado de parentesco o de las clases sociales más altas. Uno de los ejemplos más significativos en este sentido es el tatuaje practicado en las articulaciones del cuerpo, presente con el mismo sentido en tantos pueblos distanciados entre sí, que seguramente no llegaron nunca a tener ningún contacto. El tatuaje en las articulaciones se encontró ya en hallazgos arqueológicos griegos en el siglo IV a.C., en japoneses anteriores al siglo X a.C., en aztecas precolombinos, en otros peruanos, en Venezuela, Costa Rica, Mongolia, India, y se da incluso en el tatuaje practicado en Borneo, en las Islas Marquesas, en Hawai y en Nueva Guinea. En una visión de la sociedad como espejo el cuerpo humano, las articulaciones representan el punto de contacto entre huesos –la única parte del cuerpo que permanece tras la muerte- y se utilizan para indicar los diferentes grados de parentesco (contacto) entre las personas, siguiendo una jerarquía muy estricta. Sobre dichas articulaciones se dibujaban o tatuaban cabezas, calaveras, ojos, etc. para honrar a antepasados y familiares desaparecidos. El hombre se hacía adulto a través de unos ritos de iniciación en que se le “investía” de sus emblemas de su descendencia tribal que definían su identidad, transformándolo en un “árbol genealógico viviente”, y entrando a formar parte de la comunidad. Mediante los tatuajes hechos en las articulaciones del hombro, del codo, de la muñeca, en todas las articulaciones de los dedos, y también en la cadera, las rodillas, los tobillos hasta los pies, una persona llega a conocer y a escribir sobre el propio cuerpo el parentesco con el resto de los miembros de la comunidad hasta el 28º grado. ¡Creo que ningún hombre conoce hoy sus ligámenes de parentesco hasta tal punto! En otros casos (Polinesia, Patagonia, Nueva Guinea, Puerto Rico) el cuerpo se dividía idealmente en dos a partir de una línea vertical que separaba la parte derecha, que correspondía a los antepasados paternos, de la izquierda, que correspondía a los maternos. En el Moko, por ejemplo, el tatuaje facial maorí, el rostro se dividía verticalmente entre antepasados paternos (casi siempre a la derecha), y maternos (a la izquierda) y horizontalmente en muchas partes, cada una de ellas destinada rígidamente a tatuajes específicos: en una parte del rostro se tatúan símbolos que indican el oficio, en otra los hijos, en otra las acciones merecedoras de ser destacadas, los enemigos eliminados, etc. Sólo los pertenecientes a la familia real, considerados descendientes de los dioses, pueden tatuarse en el triángulo de la frente. Estos son tan sólo unos pocos ejemplos para demostrar la importancia que tiene la elección de la parte del cuerpo y su predeterminación en el tatuaje tribal, que asume un sentido histórico y social importante. En el tatuaje moderno no existen reglas codificadas que impongan la ubicación de un tatuaje en una cierta parte del cuerpo, sino que en el momento de la elección dejamos actuar un poco el subconsciente. Dicho de forma más sencilla, se acaba eligiendo dónde tatuarse sobre la base del valor que inconscientemente atribuimos a las diferentes partes del cuerpo.
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